Los cuatro segundos desde que acercas tu tarjeta al POS y se imprime el voucher

Estás en la tienda y llegó el momento de pagar. El cajero te pregunta, ¿con qué quiere pagar? Le respondes que con tarjeta. El cajero ingresa el monto de la compra en el POS y te lo pasa. Sacas la tarjeta de tu billetera, la acercas al POS, esperas unos segundos y ¡listo! sale el papelito de la máquina. El cajero recorta el papelito, te lo pasa junto a tu compra, y te largas. Has terminado de comprar.

Pero, ¿qué pasó tras bambalinas? ¿cómo se enteró tu banco de que tiene que sacar plata de tu cuenta? ¿y cómo le llega la plata al comerciante?

En este post explicaré lo que pasa desde que acercas tu tarjeta al POS hasta que sale el papelito. Es un viaje de 4 segundos que pasa desapercibido a excepción de aquellos que trabajamos en la industria de pagos. Es de esas maravillas de la tecnología que todavía se pueden explicar de principio a fin en un post.

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Formalizar la cuenta vista BBVA Link

Hace un par de días escribí sobre el proceso de registro de BBVA Link, la cuenta vista “móvil” del banco BBVA. Comenté cómo se puede solicitar y cuánto debes sufrir durante el proceso de registro. Sí, debes aguantar un proceso algo lento y tedioso, pero es infinitamente menos que ir a sacar una cuenta vista a una sucursal, porque lo puedes hacer todo de forma remota. (¿registro de firma, anyone?)

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BBVA Link: Registro online, pero tedioso

Como ando metido en el tema de los medios de pago, me llamó la atención BBVA Link, “la primera cuenta bancaria por Facebook de Latinoamérica“. Es una cuenta vista que –a menos que haya entendido mal– no requiere una visita a la sucursal para abrirla. Pero todavía queda tiempo para que me lo pidan… ha pasado sólo un par de horas desde que la solicité.

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El mail lo decía todo

Venía atrasado. Por haber corrido desde la salida del metro, la espalda se me había mojado con transpiración. Mientras me soltaba el botón del cuello con una mano, le hice una seña a la secretaria con la otra para que me abriera la puerta de vidrio. Luego de entrar y dar un salto algo torpe a la mesita de recepción, le dije rápidamente: “Vengo a una reunión con Don…”, pero en ese momento me acordé de que había olvidado revisar el nombre en el metro. “Emm… con Don…”, agregué para ganar algo de tiempo.

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El meico de Colchagua

La neblina impedía ver a más de 50 metros, pero aún así podía distinguir las hileras de álamos que aparecían y se desvanecían a medida que la camioneta avanzaba a saltitos por el camino de ripio. Don José iba lento, esquivando las posas que había dejado la lluvia de la noche anterior. Tanto él como su señora eran más bien parcos, así que la entretención tenía que buscarla en otro lado. Con los baches del camino no podía leer la novela que me había mantenido despierta hasta las tres de la madrugada, así que lo que quedaba era mirar por la ventana. Lo que no estaba mal, porque pese a que los campos de la Provincia de Colchagua son muy parecidos entre sí –pastizales gigantes, zarzamoras, álamos, uno que otro huaso a caballo– no me canso de admirarlos.

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Another intractable challenge was divided and conquered

Last week a client suffered a major hardware failure on a storage and lost several virtual machines, including one which hosted an application to compute salaries. The failure came exactly a week before pay day. With over 600 sales executives, supervisors and managers expecting their salaries, losing the application on that very moment can’t be taken for less than another proof that Murphy’s Law continues to rule our world.

The software company which built the app didn’t have the resources or knowledge to restore it. So even though I quit working as the salary app architect more than 4 years ago and hadn’t seen them since, they called me desperately asking for help. They wanted me to recover the system on a new server so they could compute the salaries ASAP.

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