La caminata por la tarde del primer día

Después de almorzar, salimos caminando con Ignacia en coche hacia el sur. Andrea nos había dado varios datos y teníamos pensado visitar los que más pudiéramos, aparte de visitar lugares históricos.

Luego de un cafecito y un sanguche que la lluvia nos forzó a comer en Au nom du pain, continuamos camino por Sébastopol hacia el sur. Ignacia se quedó dormida rapidito en el coche, guarecida de la lluvia por un paraguas que le compramos.

Pasamos por la plaza de la Tour Sanin-Jacques y entramos a la Ile de la Cité, donde vimos los palacios y la catedral de Notre Dame.

De ahí continuamos hacia el sur hasta Au P’tit Grec, donde Marcela se comió una “galleta” de nutella con plátano y yo una de jamón, queso, papa, cebolla y lechuga.

Cerca de una hora después llegamos al campo de marte, desde donde vimos la Torre Eiffel. Ahí despertamos a Ignacia, quien ya había dormido más de dos horas y media.

Marcela estaba con dolor de piernas de tanto caminar y yo ya me sentía algo mal del resfrío, así que pedimos un uber de vuelta al depto. Con el cansancio y la falta de sueño, estábamos cabeceando dentro del auto.

Una vez en el depto nos dormimos una siestecita de una hora y media. O tal vez fui sólo yo, porque Marcela no duerme tanto. Ups.

Cenamos unos sanguches de jamón, queso, tomate, lechuga y salsas que preparamos nosotros mismos.

Llegada a París

El vuelo se nos hizo muy largo. Ignacia se portó bien, pero durmió poquito. Se quedó dormida recién a eso de las 2:15 AM hora de París, y se despertó después del desayuno dulce que nos sirvieron, a eso de las 7:00 AM.

El aeropuerto Charles Du Gaulle es una mierda asquerosa, si me disculpan el francés. (Si el nombre tiene una falta de ortografía, me da exactamente lo mismo.) Nos recibieron con una cola de inmigración larguísima. Duró sólo 2 horas porque nos saltamos la segunda mitad gracias a la audacia de Marcela.

Luego de buscar las maletas tomamos un taxi y llegamos rápidamente al departamento en Rue St Denis 215, donde nos recibió Laurent.

Escribo esto un momento después de volver del almuerzo en Restaurant 52, el que elegí por ser de cocina francesa y, según los reviews, barato para lo que es. Los platos eran bastante elaborados, al punto que reconocimos unos pocos ingredientes dentro del menú (“cod” y “pork”), y que no estábamos seguros de cuál era cuál cuando llegaron. Es más… creo que nos trajeron uno con pollo. Pero estaba rico.

Pagamos, compramos el champú, el adaptador, y los cepillos de dientes que nos faltaban, y nos devolvimos al depto.

El jet lag y las pocas horas de sueño nos están matando.