Aside

Novela, episodio 2: Dame luz.

(Importante: estás leyendo una continuación de este cuento)

El sonido de la campana es tan real que me inquieto. Mientras continúo mirándome las manos, con la cabeza gacha, pienso cómo mi mente puede recordar tantas cosas y retratarlas todas a la vez. Y el realismo, el realismo es increíble. La riqueza de los sonidos todavía sigue ahí y mi capacidad para notarla no se ha esfumado, pienso, para verificar que sigo consciente dentro del sueño. Mi mirada, apuntando hacia abajo y fija sobre mis manos, se desvía ligeramente y se enfoca en el suelo que tocan mis pies. Una vereda de concreto muy gastada, manchada y algo polvorienta, como es común en Antofagasta. Las manos, las manos, concéntrate, pienso o murmullo, e intento volver mis ojos a lo que deberían enfocar para relajarme y permanecer en el sueño. Mientras escucho el sonido de los automóviles que vienen a dejar niños y los gritos de estos últimos, recuerdo haber escuchado que las veredas se van desgastando producto del sol y la falta de lluvia.

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