El mail lo decía todo

Venía atrasado. Por haber corrido desde la salida del metro, la espalda se me había mojado con transpiración. Mientras me soltaba el botón del cuello con una mano, le hice una seña a la secretaria con la otra para que me abriera la puerta de vidrio. Luego de entrar y dar un salto algo torpe a la mesita de recepción, le dije rápidamente: “Vengo a una reunión con Don…”, pero en ese momento me acordé de que había olvidado revisar el nombre en el metro. “Emm… con Don…”, agregué para ganar algo de tiempo.

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