Aside

Novela, episodio 3: El umbral de la puerta

(Importante: estás leyendo el tercer capítulo del cuento. Puedes ir al capítulo anterior o al principio)

Cruzo el portón entre puros cabros chicos que corren y se empujan. Refraseo: soy el único cabro chico que no corre. Un poco más allá va Sebastián, pero lo pierdo de vista cuando pasa por el umbral que separa el patio delantero del interior. Apuro el tranco mecánicamente y observo todo lo que me rodea mientras voy andando hacia la puerta principal. Veo los antiguos bancos de concreto donde uno se sienta a esperar a los papás a la hora de salida. La enorme pared del gimnasio hacia mi izquierda parece más alta que nunca. Reconozco los aromos torcidos por el sol y el clima, con sus hojas duras y color verde oscuro, y percibo su olor junto al de las plantitas escuálidas que adornan los jardines. Los jardines son minúsculos porque tener uno en Antofa es como tratar de hacer crecer un árbol en Marte. El olor de las pocas plantas que decoran este patio es uno que no sentía hace mucho… olor a entrada de colegio. Comprendo por qué se me aprieta la guata cada vez que paso cerca de un aromo.

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Novela, episodio 1: El portón de la escuela.

Conozco varias técnicas para darme cuenta que estoy soñando y luego convertirme en un Dios. Sí, puedo ser un ente omnipotente en el sueño, capaz conocer a quien quiera, cambiar el rumbo del tiempo y de crear y destruir mundos. Como Dios del sueño, tus poderes están sólo limitados por tu imaginación. Y por el sueño, claro. Si despiertas, pierdes todas tus facultades. Básicamente, como Dios puedes hacer lo que sea excepto existir en el mundo real.

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